Estos trenes que se extraviaron?
Quién há visto nunca el acíbar?
Dónde se plantaron los ojos
Del camarada Paul Éluard?
Hay sitio para unas espinas?
Le preguntaron al rosal.
ybris Respondió...
El tren vergonzoso no muere.
Sirve para moverse en sueños.
La amargura no se ve, se gusta
sólo. Quien lo probó lo sabe.
¡Ojos en cojones, carajos,
vaginas de los resistentes!
Una espina más no viene mal
para ahuyentar a los sobones.
Edu Solano Lumbreras Respondió...
Murieron tal vez de vergüenza
esos trenes que se extraviaron?
Los trenes no se murieron,
los trenes jamás se avergonzaron
ni anduvieron perdidos...
y yo que tú no me fíaba de ese maquinista:
es vox populi
que miente más que habla.
Quién ha visto nunca el acíbar?
Yo en algún abril lleno de enero
y en algún enero lleno de aburrimiento.
Y como yo el tiempo de los solos,
la luz de los abandonados.
Dónde se plantaron los ojos
del camarada Paul Éluard?
En el sueño.
Y también en la vigilia.
Hay sitio para unas espinas?
le preguntaron al rosal.
—¡Ufff! No. Lo siento. No. Mira, no cabes. Aquí estamos ya muy apretadas. Mira a ver si en la corona de Cristo, en la alambrada de Alcalá Meco, o en el corazón de los desamparados te dejan sitio, porque aquí no va a poder ser. De verdad, lo siento. Aquí no puede ser, no insistas. Pregunta a ver si queda sitio en la merluza, en el mero, en el lenguado. Pero aquí no. En serio. Ya sobramos algunas de nosotras ¿no lo ves? Ya herimos demasiado. No puede ser. No puede ser. Lo siento.
